lunes, 19 de abril de 2010

La Guerrilla Comunicacional

Por: Miltón Gómez Burgos

Hoy no hay duda, la globalización es un producto del alto desarrollo de las tecnologías de la información, específicamente de los mal llamados “medios de comunicación” (de carácter privado para mejores señas). Si ella hubiese tenido algún otro origen que gozara de la autonomía de la propiedad privada o de los capitales internacionales que la sustentan, quizá pudiera reclamar algo de razón al lado del progreso de los pueblos, pero por desgracia, es la expresión más acabada de lo que es el imperialismo, es la nata del gran capital. Todo aquello que conocemos como las cadenas mundiales de la información, que promueven, aseguran y movilizan el dinero del gran capital, es lo que conforma, o en lo que se ha transformado el Ultimo Imperio.


En otras palabras, el imperialismo necesita convertir al mundo todo (nuestro planeta), en un gran mercado; para ello es menester desde su óptica, no solo, uniformar el gusto, sino reproducirlo a su imagen y semejanza, pues le resulta de lo mas cómodo, ser usacéntrico, pasándole por encima, como si fuese un sencillo tramite, a la infinita diversidad de expresiones locales, nada menos y nada mas que a “la cultura” de cada nación (una pelusa de omisión como dirían en mi pueblo).


Es decir, la globalización es enemiga de la cultura de cada quien. Ofende y atropella la identidad de las personas, invadiendo su interioridad, mas que ofertando, imponiendo mercancías. De allí que El Imperio, por donde se le mire, es un demoledor de culturas, ya sea porque el código que encripta una cultura y que limita su avance, lo disuelve a través de propaganda y mercadeo, o lo pulveriza a punta de cañones. Las dos formas son imperiales y ninguna de ellas deja desperdicio.


La globalización ha creado una serie de eufemismos para mimetizarse: “La aldea global” donde podría sentirse a gusto “El librepensador”, “El hombre de mundo” o “El ciudadano universal”. Todos ellos no son más que slogan que anteceden al yanqui arrogante que cree realmente que lo que no es Norteamérica, es una aldea en donde puede hacer lo que en su territorio le es negado.


La respuesta de los pueblos auténticos, valga decir, los fieles a su cultura y a la de los demás, es el internacionalismo, aquella relación con los hermanos del mundo que respeta lo ajeno, lo complementa, lo enriquece, se integra y sobre todo es solidario. En suma, la globalización es enemiga de los pueblos y el camino que estos han decidido tomar hacia su progreso. Pero si bien la globalización es hija de los mass media, estos se han convertido en su mejor herramienta. Es la red con la que oprimen y por la que fluye su sabia.


Ahora ¿La información debe estar subordinada al medio y por ende al capital que lo crea? Veamos lo siguiente: si a usted, alguien le dice que “en la esquina hay un señor con un sombrero de pelo de guama”, algún interés tiene esa persona que usted maneje esa información. Por mas inverosímil que sea, siempre lleva implícita algún provecho para alguien, sin aun manejar el interés sujetivo. Podríamos decir en este punto, que ninguna información es desinteresada, ninguna información es objetiva y todo periodista es un asalariado.


El capital necesita procesar mucha información porque dentro de sus características se encuentra la cobardía como parte de su estructura, no puede dar un paso sin tener la seguridad de su interesada colocación. La información se convierte de esta manera, en un poder pues permite, o es el eslabón que precede a la toma de decisiones. De allí que compra cantidades ingentes de información, de hecho las convierte en mercancía, les pone un precio, luego se deshace de ellas vendiéndolas, no sin antes procesarlas, direccionándolas; cosa que no perturben su libre empresa, de ello se encargan “los medios” con sus diferentes departamentos. Pero sobre todo ello, está la línea editorial, es la que protege el interés por el cual fue creado. Detrás de todo medio de información está el interés: en los privados está el capital, en los públicos, el Estado.


¿Qué cosas se podrían proponer para minimizar o sincerar el interés que se esconde detrás de la información, de los periodistas y de los medios?


Es que en estos momentos nos hemos empeñado en revisar a los medios por su evidente conformación como arma política, al punto de diseñar y ejecutar golpes de Estado (caso 11 de abril), pero es que esto pareciera ser lo mas burdo ante la sutilidad cotidiana con que han cometido delito por mas de medio siglo, cuando incubaron en los hogares, y mas peligroso aun, en los cerebros de la gente, los principios del dios mercado, aquel que lo arregla todo, convirtiéndolo todo en mercancía.


En estos tiempos, después del golpe de abril, los medios privados han adoptado el estilo de identificar las campañas institucionales del Estado con una coletilla que dice que casi están obligados por una ley injusta (Ley de Responsabilidad Social de Radio y TV) a transmitir aquellos mensajes. El mismo 11 de abril, partieron la pantalla para mostrar el contraste de la marcha golpista, cuando el mismísimo Presidente, Comandante Chávez, se dirigía a la nación, en un flagrante atentado en contra de la seguridad del Estado y por lo cual no han respondido. Dos recursos que si no fuese por lo perverso de sus intenciones, pudieran ser herramientas para “identificar” la información que entra al país, mas allá de la ficha técnica del medio que las emite y sin tocar su contenido, el interés o el grupo económico que está detrás de ella, su orientación política, ideológica, el país de procedencia y las personas dueñas de ese capital y sus socios.



Así como la salud, la educación y la alimentación no pueden ser monopolio de la propiedad privada, la información tampoco, esta es un derecho humano fundamental. Las empresas privadas que operan en el espectro radioeléctrico deben compartirlo con emisoras comunitarias y emisoras del Estado porque además, este pertenece al pueblo. Ningún capital extraterritorial puede estar detrás una operadora en lo informativo en el ámbito nacional, es decir, nacionalizar los capitales de los medios de información que operan en el país. En fin, los principios del internacionalismo deben regir el flujo de la información entre los pueblos con la honestidad que imprime la ausencia de capitales privados. Su código verbal debe romper el vacuo lenguaje del periodismo burgués.


La Guerrilla Comunicacional es consecuencia de la guerra mediática a la que han sometido a nuestros pueblos y en particular al asedio informativo al que Venezuela se enfrenta en estos momentos. Es nuestro derecho establecer los principios del socialismo a través de la educación y todo aquello que compone la imaginería popular.


¡Patria, socialismo o muerte!

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