jueves, 22 de septiembre de 2011

Revolución con Rostro de Mujer.

Por: Andrea Alezard

Las mujeres del mundo a lo largo de la historia han sido socialmente discriminadas y excluidas, pues al ser relegadas al cuidado del hogar y de la familia, es decir, a los espacios privados, obviamente la oportunidad de participar en la vida pública y política fue casi nula durante mucho tiempo. Nuestro país, cuya sociedad es fundamentalmente patriarcal y machista, no escapó a esta realidad. Durante mucho tiempo el papel de la mujer en la sociedad fue invisible, a pesar de que la mujer venezolana, sobre todo la mujer proletaria, siempre trabajó, pero su contribución productiva siempre se consideró como complementaria a la del hombre, lo que imposibilitó su abierta participación y opinión.

A pesar de todos estos obstáculos impuestos por la sociedad en relación al rol que cada uno de los géneros debía tener, nuestras valientes y valiosas mujeres, para el final de la década de los veinte comenzaron a formar las primeras organizaciones femeninas como la “Sociedad Patriótica de Mujeres Venezolanas”, fundada clandestinamente en 1928, con el fin de luchar contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Ya para 1936 existían organizaciones femeninas que luchaban por las reivindicaciones de las mujeres como el derecho al voto, alcanzado el 5 de marzo de 1945, reconocido primero a nivel municipal y en 1947 a nivel nacional.

Sin embargo en nuestro país, a más de sesenta años de haber logrado el derecho al voto de las mujeres, la participación de las féminas en la representación política y sindical aún no es suficiente. El principal impedimento para una mayor participación pública sigue siendo el mismo, que sobre nosotras recae la casi totalidad de la carga de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos y las hijas, utilizando una gran cantidad de esfuerzo y tiempo en esas labores.

Paradójicamente, no dejo de asombrarme cómo la mujer venezolana cada día toma la batuta en lo referente a participación activa, existiendo un porcentaje mayor de éstas en las misiones, sobre todo en las educativas y en Vuelvan Caras, así como en los consejos comunales y demás organizaciones comunitarias. Se observa un porcentaje importante de mujeres y eso es así porque hemos aprendido a lidiar con el trabajo dentro y fuera de casa, lo que muchos especialistas en género llaman la “Doble Presencia o Doble Carga”, pero a un precio muy alto, ya que para muchas esto implica mas de 12 horas de trabajo al día. Imaginen lo que sería capaz de lograr el colectivo femenino si contara con una mayor colaboración por parte de sus compañeros, hijos, hijas y demás miembros de la familia.

Debe ser pues, uno de los principales propósitos de esta revolución impulsar la participación activa y protagónica de las valiosas mujeres, como fundamento básico y necesario del camino al socialismo, no sólo en las instancias de la vida pública logrando entre otros objetivos el porcentaje de participación 50 y 50 en la asamblea nacional, sino también en el ámbito privado, impulsando la socialización de las labores domésticas, que no es más que repartir las tareas domésticas entre el grupo familiar, para que ella pueda dedicar más tiempo de calidad a la labor transformadora que tanto se necesita en estos tiempos de revolución.

Sin embargo muchas veces he visto, que todavía en algunas organizaciones comunitarias aunque están formadas tanto por mujeres como por hombres, son estos últimos los que suelen presidir la misma, esto se debe sobre todo al hecho de que aunque la mujer participa, culturalmente está latente esa creencia de que son “ellos” los llamados a tener el control.

Para ello es necesaria la articulación y corresponsabilidad de todos los programas del estado y de las diferentes Misiones a objeto de que todas las gestiones estén transversalizadas por el componente de género, lo que permitirá en un primer momento que todas las mujeres reflexionen en el hecho de que muchas de sus actitudes asumidas son roles impuestos por una sociedad patriarcal, machista y capitalista y que esto puede y debe cambiarse.

Y en un segundo momento dar a conocer, las leyes promulgadas en la república y en el ámbito internacional que las amparan y que auspician su pleno desarrollo tales como:

  • Constitución de la República Bolivariana de Venezuela

  • Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer

  • Ley sobre la Violencia contra la Mujer

  • Declaración Universal de los Derechos Humanos

  • Normas sobre Salud Sexual y Reproductiva

  • Convención Internacional para la eliminación de todas las Formas de Discriminación

  • contra la Mujer – CEDAW (1979)

  • Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra

  • la Mujer (Convención Belem Do Pará)

Sólo así les estaremos dando los mecanismos para su real y verdadero “Empoderamiento”, ya que en la medida en que éstas conozcan y manejen las leyes, y tomen conciencia de las condiciones de desigualdad imperantes que impiden su autonomía y afectan sus salud y bienestar, pueden comenzar a revertirlas, y este proceso se reflejará a su vez en ellas como individuo, en su hogar y en la comunidad.

Este es el camino que permitirá reaprender y reconstruir una actitud distinta de lo que es el “Ser Mujer” y lo que ello significa dentro de una sociedad socialista con oportunidades iguales para todos y todas donde puedan gozar de igualdad de derechos, sin distinción de raza, creencia o sexo, como lo establece nuestra Constitución.






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