martes, 22 de marzo de 2011

ROMPAMOS LOS DISCURSOS DE LA BUROCRACIA

Cuando en una sociedad el discurso y sus palabras se desligan de su contenido, significado y de su acción, cuando la retórica toma vida propia, la ficción controla la vida cotidiana, la credulidad propicia la mentira, entonces, es señal de la proximidad de la barbarie.

Cuando el discurso y las palabras pierden la capacidad de comunicar y de llamar a la acción, o mejor, cuando son usadas para enturbiar y engañar, más que para comunicar y movilizar, nos estamos aproximando a días tristes.

En ese marco podemos estudiar la realidad de la burocracia venezolana.

En las instituciones se usa y se abusa del recurso retórico para ganar el torneo sofista. Así, el intento de organización de la clase trabajadora que no esté amparado por el marco legal no es aceptado.

Un saco de papas, más recurso de show de televisión que análisis, discusión, apoyo serio, pretende acallar la realidad de los ministerios e instituciones. El grito ofensivo sustituyó al análisis, al argumento riguroso, la imposición vertical calla las críticas y propuestas. Los discursos y las palabras no les sirven para representar a la realidad, construyen un mundo aparte.

Los discursos y palabras de nuestros “dirigentes institucionales” no reflejan la realidad de un pueblo que clama por hacer letra viva, no solo el mandato constitucional de asumir el control sino nuestra tarea histórica como clase trabajadora.

Este extrañamiento entre palabra y contenido, entre signo y referente, es cómodo, sobre todo en la Política, pero trae peligrosísimas consecuencias. Se profundiza así lo que queremos combatir, la representatividad es una de estas, la obediencia acrítica, la sumisión.

El papel jugado por estos “dirigentes institucionales” es de permanencia del sistema dominante, de prestigio individual, de secuestro, de traición a los principios básicos de humanidad, no hay en su actitud un resquicio de dignidad, ética y moral revolucionaria, socialista.

La profunda debilidad en la organización y unidad del movimiento de los trabajadores no solo obedece al látigo del sistema dominante que controla a través de los medios de comunicación nuestro imaginario sino a aquellos dirigentes “revolucionarios” que le siguen el juego al sistema.

La impunidad en todos los aspectos, desde el asesinato de nuestros verdaderos dirigentes hasta la interpretación de las leyes de manera neoliberal y de derecha recalcitrante y de medidas cautelares a favor de empresas que violan nuestros derechos, pasando por el acoso, el terrorismo y la hostigación laboral son los resultados de semejantes fenómenos creados por aquellos que no creen en la emancipación de los pueblos.


El día que la sociedad de señales de movilización para exigir y defender nuestro natural derecho de decidir nuestro destino, cuando nuestra subjetividad empiece a romper con los esquemas impuestos por el sistema dominante, cuando todos y todas nos empecemos a ver como iguales, habremos triunfado como humanos y avanzaremos a una sociedad de todos y todas, avanzaremos a la armonía entre humanos y naturaleza, avanzaremos a la tan ansiada igualdad, avanzaremos al socialismo…. y seguiremos avanzando.



TURKI AL MAAZ

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